miércoles, 21 de junio de 2017

Chanchullos y chanchullas


"He sido un hombre afortunado en la vida: nada me fue fácil” Sigmund Freud

A veces ocurren situaciones que nos hacen tener los pies sobre la tierra. Lo bueno es que valoras más lo que consigues. Quedan a la luz los muchos chanchullos que hay entre municipios, políticos y personas con palabrería y dominio.

Los trabajos hoy valen oro conseguirlos. Presentas las documentaciones necesarias meses antes de cerrar la convocatoria; estás pendiente durante ese tiempo a ver si hay que presentar algún papel más llamando por teléfono y personándote en las mismas dependencias. Llegas un día y te dicen que la convocatoria está cerrada y que tienen tanto trabajo que no se han dado cuenta de lo que tú demandabas en tu insistencia ¡Te has quedado fuera!

Tras el enfado, razonas y pones una reclamación. Hablas con la persona de más rango que se supone que debe responder por los fallos en una identidad pública. La reclamación da resultados con rapidez y te añaden “in so facto” a la lista de admitidos para la bolsa de trabajo.

Te calmas un poco. Presentas tus certificados de toda la experiencia que aportas y piensas que aún te queda alguna oportunidad ¡Ingenuo!

Al no salir en la página del señalado Ayuntamiento los dos admitidos para el trabajo, te vuelves a acercar, después de cincuenta veces, otra vez a las dependencias. Aprecias que hasta las miradas comienzan a ser aviesas. Y llega el instante del estallido, la administrativa te presenta el acta, aún no firmada, donde tú quedas relegada al cuarto puesto. Sumas y detectas que han hecho mal tu baremo. Estás dispuesta a montar un pollo que se oiga hasta en los infiernos.

Y de pronto frenas en seco, por esas casualidades de la vida, hay una persona por delante de ti con la que has tenido un vínculo estrecho. Observas su baremo y se le han inflado hasta duplicarle; cuando sabes a ciencia cierta que tenía menos puntos que tú. Ahora percibes por qué dicho individuo con el que has sido transparente en todo momento, se incomodaba y ocultaba la trama cuando hablabas de dicho trabajo. No podía compartir contigo el porqué de sus secretos, sus protectores y sus recomendaciones. Claro está que, si yo hubiera tenido la oportunidad de aprovechar un enchufe, lo hubiera hecho, porque así funciona el mundo.

Así pues, te quedas en casa, te tragas tu flema y por ser vos quien es, le deseas la mejor de las suertes. Tal vez él lo necesite más que tú. Solo decirte amigo que todo se sabe, tarde o temprano. Te buscarás la vida, o en este caso el curro, por otros lares. Bien he de decir que me quitaron uno, pero me salieron dos y por mis propios méritos.

Y así amigos funciona el mundo de las farándulas municipales que no sabemos si están llenos de ineptos o es que viene genial hacerse el tonto y tener falta de profesionalidad. Corrupción desde escalas inferiores. Se regodean de que el tonto es el pobre que presenta la documentación necesaria para un puesto de trabajo cuando ya está entregado de ante mano.

Aquí queda reflejada mi indignación, en un blog de literatura donde a veces la realidad supera la ficción. En un blog terapéutico donde desahogarme, ocultando lugares y personas. Habrá muchos que se sientan identificados con la situación y otros darán la callada por respuesta, sintiéndose aludidos.

Nos roban el dinero, nos roban los trabajos, pero jamás, jamás nos robarán la dignidad.

jueves, 24 de noviembre de 2016

EL ALIENTO DE EROS


“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él” Florence Nightingale


Aquella cara de rasgos duros y una gran cicatriz en la mandíbula ahuyentaba a las gentes que andaban entre la lluvia. Pero no era su rostros lo que más aterrorizaba a los de alrededor, enseguida que se percataban cruzaban la calle. Sus pies descalzos, las ropas rasgadas, sus puños apretados y los ojos inyectados en sangre daban una imagen de él sobrecogedora.

En aquel gélido despacho lanzó con todas sus fuerzas el móvil contra la pared ante la atónita mirada de su jefe. Destrozó la camisa de la empresa, arrojó las botas contra los cristales de la oficina y salió a la calle. No controlaba la ira y aún menos en momentos de injusticia. Cientos de terapias le habían enseñado la teoría pero su fuerte carácter le imposibilitaba para llevarlas a la práctica. Lo único que le tranquilizaba era correr hasta llegar a la cueva del acantilado. Allí aislado había pasado incluso días hasta que aquella inquietud visceral se le contenía.

Se agarró de un pequeño arbusto doblegado por el viento marino y apoyó un pie en una roca sobresaliente. Bajó un par de metros en el acantilado y allí entre la maleza estaba la entrada a su nirvana. Una vez dentro se le iba pasando el volcán que enajenaba su mente. Pero se dio cuenta de que algo era diferente, había unas pisadas de pies pequeños. Las siguió y encontró un cuerpo en posición fetal sobre el suelo. Se sobresaltó ¿Respiraba? Sí, respiraba. Se sentó y no supo muy bien el tiempo que estuvo contemplando aquel ser indefenso.

De pronto, ella se movió y al verse contemplado por aquel personaje descomunal y perfil tullido dio un salto poniéndose en cuclillas y apoyándose en la pared. Intercambiaron miradas de sorpresa e incertidumbre y él se dispuso a preguntar:

¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? Este lugar es mío —con voz colérica.
Aquella joven de ojos rasgados, pelo azabache y cuerpo delgado le miró y reponiéndose, le inquirió:

Yo podría preguntarte lo mismo ¿Tienes un documento qué demuestre que esto es tuyo?
Alex apretó los puños y los levantó pero aquel ser escuálido, de belleza etérea se encogió de nuevo cubriendo su rostro con los brazos.

Por favor no me pegues, me marcharé enseguida —las lágrimas comenzaban a resbalar.
Alex se miró a su propio puño y le bajó. Cuando percibía su violencia se avergonzaba. Dio un paso atrás, le dio la espalda a ella y se sentó en el borde de la cueva donde podía divisar un inmenso mar gris salpicado de gotas de lluvia, limitado por aquel acantilado severo, y un barco siempre en el horizonte con rumbo desconocido.

Lo siento, este lugar no tiene dueño. Tienes tanto derecho como yo a estar aquí. No pretendía asustarte.
La joven se secó las lágrimas con la manga de su arrugada camisa, se atusó el pelo y se sentó junto a Alex. Tras unos minutos en silencio le tendió la mano:

Me llamo Malén —sorbiéndose la nariz.
Yo Alex —ocultando su cicatriz y con voz entrecortada.
A veces los silencios llenan más que las palabras. Allí contemplando el horizonte estaban dos seres que no encajaban demasiado. Personas con problemas afectivos en apariencia desbordados. Fue cayendo la noche y el barco fue desdibujándose entre la distancia y la oscuridad, siguieron impertérritos sentados. Comenzaba a hacer frío y Alex se levantó, sacudió sus pantalones y se adentró en la cueva. Al cabo de unos minutos regresó con un montón de palos. El fuego pronto iluminó las paredes y fue desprendiendo calor.

Malén también se levantó, se acercó a la hoguera y puso sus pequeñas manos frente a las llamas. La luz creaba un halo que aún aumentaba más su perfección. Alex, que seguía con voz temblorosa, le señaló que se sentará junto a la pared que formaba un ángulo, ese recoveco la protegería de la brisa y el calor la llegaría más inmediato.

Allí, frente a aquel agradable espectáculo de luz titilante Malén preguntó a Alex que desde cuando iba a aquel recóndito lugar. Él le relató cómo lo descubrió hace unos años, cuando aún era un adolescente y un compañero le golpeó con una piedra, sé señaló su rostro. Ella le confesó que hace un mes le vio bajar a la cueva y desde entonces solía acudir al lugar dos o tres veces en semana. Poco a poco fueron relatando sus entresijos; él trabajaba duro sin ser reconocido su esfuerzo, de cómo le miraban con miedo; solo le habían contratado por el programa de reinserción para personas con problemas mentales; ella encontraba alivio en aquel lugar ante la violencia de su progenitor alcohólico del que tenía que haberse alejado hacía tiempo.

Y poco a poco ambos fueron haciendo camino. Anhelaban sus charlas frente a la hoguera cada minuto. Se escapaban cuanto podían, alejados de un mundo que les anegaba su fuerza. Y las palabras dieron paso a los roces accidentales, a caricias presagiadas y a besos furtivos.

En uno de aquellos encuentros Malén volvió antes que Alex. Él, ávido de caricias llegó unos minutos más tarde y se percató de que ella estaba cabizbaja. Alex con suavidad posó su gran mano sobre la barbilla de ella e intento clavar su mirada en los rasgados ojos de la dulce Malén, pero ella huyó y volvió a fijar sus ojos en el suelo. Alex intentó de nuevo ver su rostro y descubrió con estupefacción un ojo morado y una brecha en la frente.

Ante aquello se desató, golpeó con fuerza la pared rocosa hiriéndose las manos.

¡Le mataré, juro que lo haré! No sabe bien lo que ha hecho ese cabrón. No volverá a ponerte una mano encima —la voz resonaba, ensordecedora.
No, por favor es mi padre, está enfermo. Mañana llegaré a casa y todo serán lágrimas y mil perdones. Cuando bebe no sabe lo que hace, al día siguiente no lo recuerda siquiera.
Malén intentó calmar a Alex pero cada vez que la miraba su ira se acrecentaba. En una de las tentativas por tranquilizarle ella le intentó agarrar el puño, él dio un fuerte tirón que hizo sucumbir a Malén. Ella se quedó inmóvil en el suelo, Alex abrió sus ojos, parecía que se le iban a salir de las órbitas. No podía creer que también había hecho daño a la persona que más amaba. Se acercó a ella y cogió su pequeño cuerpo inmóvil entre sus inmensos brazos acurrucándola en su regazo.

¡Perdóname, perdóname! No controlo mis fuerzas. Por favor Malén vuelve, no puedo vivir sin ti —con la respiración entrecortada y acariciando su cabello— no volverá a ocurrir, mi pequeña.
Malén abrió sus ojos humedecidos y le agarró con ambas manos del cabello acercando sus labios. Le besó con fuerza y cuando sus bocas volvieron a separarse, Malén acaricio su cicatriz mientras le hablaba en susurros:

Ha llegado el momento de solucionar nuestros problemas. Sé que podemos y sé que no volverás a hacer daño a nadie. Solo piensa en mí cuando tu mente se llene de rabia y desolación, piensa en nosotros. Ha llegado el momento de alejarnos ¿Quieres?
Alex dejó de acudir a terapia, informaron de su desaparición pero nadie volvió a verle. Malén nunca regresó a casa de su progenitor, éste lloraba por las esquinas y en sus borracheras maldecía a su mala hija, vociferando su nombre.

En el puerto, un vagabundo que dormía entre cartones contaba a sus camaradas, entre risas y escalofríos, que los delirios del vino le habían hecho soñar. Un hombre feroz, de facciones duras con una gran cicatriz en el rostro, pelo desgreñado y brazos descomunales, le miró con ojos inyectados en sangre, sintió mucho miedo; aquella bestia abrazaba a una joven pequeña y frágil de ojos rasgados y cabello azabache de una belleza desmesurada, a la que protegía. Ambos subieron a un barco de tres mástiles con grandes velas blancas y unos cien metros de eslora. Extrañamente partió de madrugada, cuando comenzaba a aparecer la claridad del amanecer, con rumbo desconocido; un barco sigiloso, de tripulación fantasma, envuelto en una nebulosa, llamado “Liberté”

miércoles, 22 de junio de 2016

FETICHE


La escultura de mármol El Beso de Auguste Rodin, 1887

“Encuentra lo que amas, y deja que te mate” Charles Bukowski

El culto a las manos, a través de ellas me comunico, entro en contacto, creo. Tal vez para mí, talismanes. Suelo mirar las manos, casi siempre sin grandes sobresaltos, pero de vez en cuando aparecen unas de esas manos que me cuentan y susurran veleidades secretas de personas anónimas.

Estaba en una terraza, tomando el sol, con un gran vaso de té helado y hablando con mi compañera de trabajo cuando un personaje delgado, alto y pelirrojo se sentó en la mesa de enfrente. Seguimos charlando apaciblemente sin nada sustancial en que embelesarme. El camarero pululaba entre las mesas sirviendo bebidas y apuntando otras. Tras unos cinco minutos el camarero trajo una gran copa redonda con un líquido transparente y burbujeante entre hielo, trozos de fresa y una rodaja de lima y se la puso al pelirrojo.

Aquella imagen se iluminó de forma sorprendente, fue bucólica. Una mano grande, de dedos largos y marcados rodeando la copa se la acercaron a los labios. Esos pequeños toques rojos de las fresas complementaron la imagen hasta la perfección. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y un rubor evidente incendió mi rostro. Mi compañera miró hacia donde apuntaban mis ojos a ver que observaban ante mi cambio inexplicable de semblante sin apreciar nada sobresaliente ¿Te apetece un Gin Tonic? Me inquirió con cierta curiosidad. Le indiqué con un leve ademán que no pues apenas podía pronunciar palabra.

Recordé las distintas manos en las esculturas de Rodin; sobre el muslo de “El beso” o “La mano de Dios”. Una sensualidad infinita en un simple movimiento paralizado y preciso. Aquella mano de un desconocido me sedujo y enamoró como a una libertina. Necesitaba tocarla aun en un leve roce. Imagine aquellas perfectas herramientas deleitándose en mi piel con lentitud, acariciando mis cabellos enredadas entre ellas. Nada entre mi cuerpo y ellas, solo contacto y vello erizado. Una manifestación animal e instintiva.

Seguimos charlando pero la conversación dejó de tener interés. Propuse marcharnos con la excusa de tener demasiado calor. Al levantarnos dejé caer mi foulard de flores rojas y aquellas manos eróticas bajaron hasta el suelo para cogerlo. Yo me incliné para cogerlo también pero sin ningún ánimo, simple disimulo. Aquel sutil roce y un etéreo aroma terminaron de consumar el éxtasis. Ni si quiera su amabilidad y sonrisa entorpecieron el momento.

Le di las gracias y me marche mientras una excitación erótica inundo mi cuerpo. Jamás olvidaría aquellas manos y aquel instante en que mi fetichismo fue evidente aunque pocos percibieron la exaltación de los segundos infinitos en el tiempo.

Pasó más de un mes y cada noche recordaba esas manos sobre mí mientras me deleitaba en mi propio cuerpo. Una mañana al llegar al trabajo mi jefe me llamó para acudir a su despacho. Un penacho de pelo rojo de espaldas le acompañaba y volví a ver las manos sobre la mesa del escritorio.

Hola Ana, te presento a tu nuevo ayudante de diseño.
Mi mente paralizada imaginó el preludio de un ser abandonado al paganismo del deseo.

miércoles, 20 de abril de 2016

PAPÈL EN BLANCO


“La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa” Federico García Lorca

En aquella sombría tarde de grises, tras el cristal de un pequeño café, observaba deambular a las personas devoradas por sus abrigos para resguardarse del gélido viento. Todo el mundo se movía. Necesitaba ideas tras días en blanco, parecía que las palabras se hubieran evadido de mis castigadoras manos. El café humeante me abdujo por unos instantes, con los ojos cerrados, de la vorágine del establecimiento. Al volver a abrir los ojos, ellos se dirigieron hacia un individuo del que no me había percatado o tal vez acababa de llegar.

En la calle, en la esquina frente a mí un hombre de mediana estatura se apoyaba en la pared, la pierna derecha flexionada con el tacón sobre dicho muro. Jugueteaba con un cigarrillo entre sus dedos y luego daba una calada con parsimonia y seguía jugueteando. Llevaba un abrigo desabrochado, la otra mano en el bolsillo de un impecable traje abotonado y complementado con una corbata estrecha. No podía verle el rostro, pues cabizbajo y cubierto con un gorra Gatsby, me ocultaba su mirada.

Aquel personaje bien podía haber salido de una novela de Al Capone. Mientras le vigilaba seguía impasible esperando, como si el tiempo se hubiera parado, como si nada importara. Acostumbraba a morderme el labio inferior, una de mis manías, como un sabueso cuando huele una pista. Tomé la taza y bebí un amargo trago, el café sin azúcar me estimulaba. Él seguía allí, imperturbable, y yo, desde luego, no pensaba moverme hasta ver hacia dónde dirigía sus pasos.

Casi acabé el café y, entonces, se acercó a él una chica con unos bonitos zapatos rojos de aguja, y un abrigo claro de paño con un exuberante cuello de piel de zorro entremezclado con una melena azabache. Intercambiaron palabras acompañadas de aspavientos de las manos de ella. No era una conversación afable. Pero él seguía inalterable contestando a los agravios de ella. De pronto ella le abofeteó lanzándole después algo a la cara que no pude distinguir. Ella se marchó y él siguió apoyando el tacón de su zapato en la pared como si nada, no se agachó para coger lo lanzado, me pareció percibir algo que brillaba en el suelo.

Creo que aquello era la mejor escena que había visto representar en los últimos tiempos. Quería imprimir cada detalle. Seguía mordiéndome el labio inferior cuando él levanto su cabeza del suelo mostrando una mirada penetrante, entre maldad e inteligencia. Tiró el cigarrillo y me miró con descaro. Me dirigió una leve sonrisa y se marchó en dirección contraria a la chica. Cuando ya casi se perdía en la calle se giró y llevó la mano del cigarrillo a la visera de su gorra brindándome un saludo. Creo que percibió que había estado todo el rato escudriñando.

A veces dudo de si aquella escena fue real o imaginada pero aún guardo un llavero de plata con una pequeña llave que encontré en el suelo, frente al café. Y es que ya se sabe, la plata siempre acompaña a almas solitarias. Mi imaginación vuela con un simple objeto. Algún día llenaré una página en blanco, algún día me gustaría que se cruzaran nuestras miradas.

jueves, 17 de diciembre de 2015

EL REENCUENTRO


“Un te quiero, un hasta luego y un por qué, una suerte que me ampara porque yo me la busqué.” Nach


Para: Thomas De: Nina

Asunto: Preliminares aunque mañana comamos juntos

El tiempo hace que las heridas se curen aunque las cicatrices perduran. No siempre la distancia es el olvido pero si apacigua sentimientos. Así lo decidimos ambos, darnos un tiempo. Ha sido grato encontrarte y a su vez perturbador. Me ha dado tal vuelco el estómago que el café y la tostada del desayuno por un momento me han pedido paso. El corazón casi se me desboca. Pensé que deliraba.
Nunca imagine mañana tan gélida y resplandeciente. Amaneció todo cubierto de una fina capa de nieve, no me quedaba más remedio que ir a una revisión. Solo pensaba en regresar a casa junto al calor del fuego y seguir deleitándome con mis ensoñaciones. Ignoraba que a veces los sueños se cumplen y volver a verte ha sido el mío. Aunque también me he llenado de angustia. Advertirte sentado en el poyete de casa ha sido una alucinación, con tu cabeza cabizbaja y las manos entrelazadas.

Tras cuatro años, me buscaste. Pensabas sorprenderme y el impresionado fuiste tú. Mi querido compañero de ojos indescriptibles, de mirada melancólica sobre un horizonte gris, siento que te tuvieras que volver a sentar por el shock. Ni imaginabas mi situación, lamento no habértelo dicho en su momento. Aquel aciago día de despedidas no tuve valor, me dolía verte sufrir. Decidí, en el último instante, que ignorar mi calamitoso futuro, si es que lo tenía, te evitaría pesadumbres.

Y así fue como, ante tus ojos grises, preferí ser mezquina y deleznable. Abandoné tu casa satisfecha a pesar de todo ¡Bastante tenía yo con respirar mis últimos días de aliento! En una semana estaría tumbada sobre la cama fría de acero de un quirófano con pocas esperanzas. Todo mi mal humor, mi violencia y mis dolores de cabeza que pagué contigo en aquellos últimos meses no eran psicológicos, engañosamente una bestia tumoral comía mi cerebro. Si no lo extirpaban me quedaban pocas esperanzas pero aun, arrancándolo sin piedad, las posibilidades eran poco alentadoras. El no tenerte sufriendo a mi lado me consoló.

Tras la operación y no morir en el intento, mi cuerpo quedó dañado, no volvería a caminar. Después de once meses de rehabilitación interminables, regresé a casa, a nuestra casa. Estaba fría, era extraña, me faltabas, pero seguía consolándome tu ignorancia.
Todos quisieron contártelo pero no se lo permití. Algún día volverías con una rubia despampanante agarrada a tu brazo a pedirme el divorcio y no te quedaría más remedio que aceptar mi nuevo cambio de imagen. Mi sensual movimiento de caderas sobre una silla de ruedas.

Hoy volviste pero sin la rubia en tu brazo. Querías decirme que en estos años no has podido olvidarme, que tu espíritu, que el tiempo ha calmado, te impulsó a regresar. Yo tampoco te he olvidado, muchas noches me acompañas en mis sueños. Me he preguntado miles de veces si tú también soñarías conmigo, me convencía y sosegaba que tal vez , por fin, me habías olvidado. Ya no te torturaba.
Hemos descubierto en nuestros ojos ese brillo aletargado, el anhelo de tu pulgar sobre mi mejilla, mis caricias sobre tus fornidos hombros. Hemos descubierto que a veces el amor no muere, inverna.

Ya no soy el espíritu indómito de quien te enamoraste. Mañana vendrás a comer a casa, te pedí por favor que me dejaras, mañana te explicaría todo, palabra por palabra. Las fuerzas me abandonaron, tú caíste en shock pero yo, si no hubiera sido por la silla de ruedas creo que me hubiera desmayado. Ahora me sigo preguntando si mañana tendré la fortaleza suficiente para tenerte a mi lado, para conversar como lo hacíamos antes y no lo sé.

Así pues llevo toda la tarde escribiendo, es más fácil que hablar. Espero que sigas teniendo el mismo correo, cuanto termine te lo enviare, presionaré la tecla sin pensarlo. La invitación sigue en pie, comeremos juntos. Pero, al menos, ya vendrás con los antecedentes un poco esclarecidos.

Solo decirte que te amo, siempre lo hice y lo haré. Pero no sé si estoy preparada para compartir mis miserias. Me reitero, ya no soy el espíritu indómito de quien te enamoraste aunque he tenido que echarle mucho coraje para seguir viviendo.

Me has vuelto a decir que quieres volver, al despedirnos. Sólo te pido paciencia, si algo no soportaría es verte sufrir otra vez. Paciencia para que conozcas a la mujer de ahora y a lo mejor, con tan buena suerte, descubras que ya no te gusto. Paciencia para afrontar mis mentiras por ocultarte mi problema, pues puede que la desconfianza haya alejado nuestros corazones. Si después de un tiempo quieres volver y yo puedo poner la misma audacia en besar tus labios, tal vez, y solo tal vez, podamos devolver el calor a nuestra casa.

No quiero aún vivir bajo el mismo techo, solo pretendo recuperar la calma, la charlas interminables bajo la luz de la luna, la complicidad en nuestros silencios, el amor que nos hemos procesado sin pretextos. Solo quiero recuperar el roce de nuestras manos.
Y si lo conseguimos, seré la persona más feliz sobre la faz de la tierra pero tú también has de serlo. Aquí no hay verdades a medias tenemos que descubrir que nuestros sentimientos de antaño no encubren la verdad de ahora ¿Y cuál es la verdad? Pues encontrar el amor con otra diversidad. Puedo volar a tu lado si tú estás seguro de querer hacerlo, pero para ello has de descubrir mi nuevo mundo, mi nuevo yo.

Lamento muchísimo que te hayas estampado con mi realidad de este modo. Creo que para ambos ha sido una conmoción de sentimientos encontrados.

Sigues igual de guapo que siempre.

Hasta mañana:
Nina

viernes, 2 de octubre de 2015

LUNA


Ilustración de Luis Royo

Hay noches que me pierdo en tu rostro,
Divago ante ti como un efebo.
Te hablo, te pregunto, te idolatro.
En aciagos momento eché de menos contemplar tu estela,
Fueron instantes perdidos y llenos de tristeza.
Tú, luna, has sido mi brújula,
El cuaderno de bitácora donde reflejar mis desconsuelos.
Siempre embistes mis bríos con tus destellos,
Los desatas y acompañas por los bosques del alma.
Luna llena, satisfáceme la vida.

lunes, 21 de septiembre de 2015

EL AROMA DE LOS RECUERDOS


Ilustración de Luis Royo

“El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos” Henri-Frédéric Amiel

Un dulce olor a recuerdos usurpa mis sueños
En las serenas noches de otoño.
El galanteo de un hombre joven ante la inocente mirada
De aquella que fui.
Y en la mañana mi piel impregnada de anhelos
Le añora.
Hace muchos inviernos que nuestros ojos
No centellean en pasiones lozanas.
Alguna vez ¿Me echaste de menos como yo a ti?
¿Interfieres en mis frías sombras buscando caricias?
Hay huellas profundas que no borra el viento
Ni las grandes tempestades.
Tal vez nuestros caminos se acerquen
Ignorando el destino.
Pues lo que fuimos somos y seremos,
Nunca hubo ruptura entre ambos.
Solo los sucesos soplaron las velas por otros mares
Inhóspitos y lejanos.
No nos queda más que volver a batir nuestras alas
Sobre un fuego eterno.

lunes, 6 de julio de 2015

ESENCIA A PECADO

Ilustración de Sergio Martínez Cifuentes

“Lilith es el nombre dado por el Talmud a la primera mujer de Adán, madre de gigantes y demonios, según las leyendas rabínicas. Lilith acabó rebelándose contra Adán y contra Dios, y voluntariamente abandonó el Paraíso “

Ese aroma almizclado era su aroma. No la estela que dejaba a su paso o la fragancia de su caro perfume. Era la esencia de las horas inciertas bajo sus sábanas. El deseo irreprimible que a penas no me dejaba respirar cuando sus manos se deslizaban por mi torso, cuando su cuerpo cabalgaba sobre el mío. Siempre tras los gemidos y jadeos aquel olor que se quedó impregnado en mi alma.

La nostalgia me hizo estimar tu presencia. Obsesionado, la vida dejó de interesarme. Solo su aroma podía apaciguar la violencia de la inhibición.

Hoy, tras mucho tiempo, usurpó mi olfato, mi tacto, mi gusto… mi espacio. Vuelvo a tenerla entre mis brazos, entre sedas y encajes. Jamás volverá a alejarse aunque perezcamos en el intento, el infierno será mi destino, o el de ambos. Soy culpable del deseo fanático que siento por ella. Tú eres Lilith, la que surgió del averno para arrastrarme.

¡Qué importa una eternidad en llamas!

domingo, 17 de mayo de 2015

DIVERGENCIAS


Fotografía de Jaap Scholten – http://www.textandtravel.com/publications/

“Si no tardas mucho, te espero toda la vida” Oscar Wilde

El sol resplandecía sobre todas aquellas flores que nos rodeaban acentuando los matices. Un aroma almizclado nos envolvía, fragancia y deseo. Las copas de vino irradiaban, en el ambarino líquido, una serenidad inquieta. El calor incidía en nuestros rostros, ambos teníamos los ojos cerrados pero su mano apretaba fuerte la mía.

Iba a ser una separación tan solo por unos meses pero mi corazón estaba henchido de ansiedad. Siempre habíamos Intentado permanecer lo más cerca posible a pesar de las discordancias personales. Ambos sentíamos la necesidad de percibir nuestras almas cerca, protegiéndonos el uno al otro. Desde el primer instante la atracción fue mutua, supimos, como esa intuición que surge en un destello, que éramos el complemento perfecto en nuestras divergencias. Un simple roce de su pulgar sobre el torso de mi mano hacía que un torrente surcara nuestros cuerpos en un océano de instintos.

Tras unas horas disfrutando llegó el instante aciago. El me abrazó fuerte, queriendo inmortalizar ese contacto íntimo de nuestros cuerpos. Después su mirada azul hielo se clavó en mis acuosos ojos, posó sus dedos en mi barbilla levantándome el rostro y me besó. La intensidad de sus labios permaneció durante largo tiempo en los míos. Subió al coche y me gritó:

¡Te amo, nena! Eres mi brújula y pronto regresaré a tu lado.

Me había llamado nena, me sonreí. Regresé a mi pequeño paraíso de tulipanes y narcisos, entre tejos y robles ¿Volvería? Había dos generaciones de diferencia entre nuestros nacimientos. Él respiraba juventud por toda su piel y yo comenzaba a cruzar el meridiano de mi existencia. Volvería, algo inquebrantable atenazaba nuestras vidas pero, aun así, había valido la pena. Él había sido la lluvia sobre un campo yermo.

miércoles, 8 de abril de 2015

SE BUSCA



Ilustración de Sabrina Mauregui

Se busca ilustrador
para atrapar las palabras que flotan en mi mente.
Aquel que perciba mi unicornio,
el que me acompaña en la soledad de los días.
Aquel que vea el universo de matices
por el que sueño cada noche.
El que advierta todos los héroes y villanos que habitan mis leyendas.
Se busca,
Si me encuentras cuando tus dedos se deslicen
y mis colores sean los tuyos,
No dudes en arribar en el puerto de mis quimeras.