miércoles, 8 de agosto de 2012

LA POSADA DE LA CONDESA DE CALATRAVA



El sol calentaba como sólo lo hace en los meses de verano en el centro de España, con esa intensidad que abrasa y agobia. La corbata me arranca la respiración. Busqué un local donde aliviar la tortura del asfalto.

Aquel día fue el comienzo y el final. Un cúmulo de muchas imprevisiones y un inciso en la soledad de mi desierto urbano. El destino reiterado me amargaba y su aparición, efímera y eterna, aportó el viento lozano que precisaba. Todo transcurrió en horas pero daría lo que fuera por volverlas a vivir. Ella sólo buscó un alma cándida para pasar inadvertida y escapar. Huía de algo taciturno y cruel.

Sus ojos, castaños y profundos hasta perderse en ellos, eran desafiantes e intrépidos. Parecía que de un atisbo descubriera los más íntimos secretos. Se cruzó con mi mirada en la posada de aquella histórica ciudad. Mi existencia estaba vacía y mis ambiciones, que nunca fueron demasiadas, satisfechas. Creía que ya poco me quedaba por ver y vivir. Se acercó a mí, agarró mi brazo y comenzó a hablarme desaforadamente:

- Buenos días. Mucho calor y eso que sólo son las nueve. Tienes el nudo de la corbata un poco torcido aunque tu aspecto es formidable ¿Qué tal la velada de anoche?

Le mire sorprendido. Acababa de llegar a aquella localidad y evidentemente se confundía. No sé porque le conteste y le seguí el juego:

-Mis veladas últimamente no son demasiado buenas. Y llevo parte de la noche de viaje, acabo de llegar.

Sin soltarme del brazo siguió hablando, ignorándome y continuando con la farsa:

-¡Qué tonta! Pero me has caído simpático. Tu aspecto es tan apuesto que te había confundido con otra persona ¿Vienes por vacaciones?

La conversación era absurda. No conocía de nada a aquella mujer y no sé porqué seguía hablando con ella. Miraba directa a mis ojos y yo a los suyos, inhibía mi voluntad. Me dejé llevar, no tenía nada mejor que hacer en un par de horas.

- Hola, vengo por tema de trabajo — le tiendo la mano—. Soy abogado. Me llamo Mario.
- Yo soy Elena. Te encantará mi ciudad está llena de encanto — pensativa—. Lo siento, que me has dicho que venías por trabajo. Me aburro. ¿Has desayunado? Si no le importa podemos hacerlo juntos. Aquí, en la judería, dan unos almuerzos magníficos. El desayuno debería ser la comida mejor del día pero, ya se sabe como somos, todas las comidas son buenas, nos da igual la hora. Pensaras que estoy loca. Venga vamos, no te arrepentirás.

Acepte, irresponsablemente y sin rechistar. El almuerzo fue soberbio; disfrute de cada momento y bocado. Hablamos de cosas intrascendentes y divertidas; hacía tiempo que no me reía como lo estaba haciendo con aquella extraña. Elena me recordaba a mi esposa cuando era joven; fue como volver a estar con ella. El pelo corto y oscuro; la cara joven e inocente; talante rebelde e insolente; aquel lunar en la mejilla; sus ropas desenfadadas, confortables, dejando entrever aquella figura recia, exultante y provocadora. Era la misma persona con un toque salvaje, alocado y frívolo. La añoranza me hizo pensar, por un momento, que ella había bajado un ratito para charlar conmigo desde su largo e imposible regreso.

Terminamos y me despedí. Mi cita por asuntos laborales era a las doce. Quedamos para comer juntos en aquel mismo lugar “La Posada de la Condesa de Calatrava”.

La mañana se me hizo eterna. Estaba impaciente e inquieto. Ansiaba que llegaran las tres y a su vez me ahogaba el miedo ¿Dónde me estaba metiendo? La verdad es que nadie se arrima sin una causa a alguien desconocido y bastante maduro. Tal vez trataba de timarme, algo tenía que perseguir o sólo era una joven aburrida ¡Los tiempos han cambiado tanto!

Cuando llegué a la posada recorrí ansioso todo el comedor localizándola en breve. Mi corazón se aceleraba por momentos como si intentara garantizar que aún seguía vivo. Me dirigí directo a ella.

- Hola Elena, ¿Comemos?—hice una pausa—. Me gustaría que me dijeras que pretendes. Mejor no me lo digas, prefiero ignorarlo pero te aseguro que no soy presa fácil. Haremos como si nos conociéramos de toda la vida.
- Sólo quiero que me saques de aquí en tu coche. No temas, no pretendo nada, sólo irme lo más lejos posible. Si lo prefieres nos podemos marchar, no tengo demasiada hambre— con ironía—. He desayunado muy bien.

Sus ojos desprendieron un brillo febril. Era una locura pero me pareció sincera. Tome su pequeña y esbelta mano en la mía y la sugerí con un ademán que adelante. Yo tampoco tenía hambre.

Recorrimos las calles despacio hasta mi coche aparcado en una callejuela inhóspita. En el vehículo abrazó mi cuello y me besó con una pasión violenta. La desabroche los botones de arriba de su blusa y la acaricie. Ella se subió a horcajadas sobre mí y continuo besándome mientras sus manos aflojaban mi corbata y también desabrochaba mi camisa y mis pantalones. El deseo usurpó mi cuerpo y...

Yo, un hombre tradicional, que deploraba las conductas lascivas, los desenfrenos de la juventud, estaba allí como un adolescente liviano. Con mis cincuenta años arrastre todos mis principios. Cuando ya mitigamos la exaltación y recobramos la compostura, no olvidare sus palabras, me dijo:

- Mario olvida todo lo que aquí ha pasado. Esto sólo ha sido un choque de sentimientos, una descarga de adrenalina por parte de ambos. Tú necesitabas sentir y yo, eufórica por algo que no tenía que haber hecho, cerciorarme de que aún quedan buenas personas. Te escogí a ti como podía haber escogido a cualquiera. Eres excepcional, me hubiera gustado conocerte más pero es imposible. Sentí tu soledad y conocí a tu esposa. Sé que por un momento has revivido algún fragmento de tu existencia con ella. He poseído en mi joven pero duro recorrido un pedacito de felicidad como la que tú has tenido. Soy un ser infame, maltratado y cansado. Me has dado alientos y esperanza. Tal vez algún día yo también tenga mi alma en paz. Arranca y marchémonos.

Tras unos doscientos kilómetros sin apenas hablar, le dejé donde ella me indicó, en una estación de tren de un pequeño pueblo. Sin volver la cabeza desapareció en las entrañas de aquel pequeño apeadero.

Cuando llegué a mi casa, exhausto, me tumbé en la cama. Mire el retrato de mi esposa y lo besé. Sentí que ella guió los pasos de Elena para sosegar en mí el desaliento y la soledad. Y así me quede profundamente dormido.

Al día siguiente, como habitualmente, salí a comprar el periódico. En primera página, en el ángulo inferior izquierdo, había una noticia que llamó mi atención y me dejó petrificado:

“Ayer en “La Posada de La Condesa de Calatrava” fue encontrado muerto, con un fuerte traumatismo cráneo-encefálico Don Juan Jabalón, conocido y acaudalado ganadero. La autora del crimen se cree que puede ser su hijastra Elena Moreno de la que no se ha encontrado pista. Le acompañaba la noche anterior cuando ocuparon una habitación en dicha posada. Se especula que el móvil del crimen ha podido ser los continuos abusos del ganadero a la joven. Ésta accedía a dichos abusos ante las amenazas de abandono y desahucio por el delicado estado de salud de su progenitora. Don Juan costeaba un tratamiento muy caro en Houston para su esposa y madre de Elena.”

Elena, mujer de raza, determinó acabar con su mayor problema y dejar a su madre en la mejor de las situaciones. Heredera única de una gran fortuna después de años de sufrimientos y engaños. Me fijé en el nombre de la posada, describía su persona y semblante. La Condesa de Calatrava altiva y de gran linaje, fuerte y visceral.

Me puse en contacto con la policía. Hasta el día de hoy no he vuelto a saber de ella. Me complacería volver a verle y tender mi mano como aquel día, en la posada y en aquella histórica ciudad. Suelo estar pendiente de las últimas noticias y sucesos. Siempre hay alguien en peores circunstancias que uno mismo y siempre hay un motivo para seguir viviendo.

martes, 10 de julio de 2012

METAMORFOSIS




Ella me rondaba desde hace tiempo o simplemente ambos rondábamos en el mismo hábitat. Su aspecto gótico épico despertó un instinto extraño en mí. Nunca me atrajeron esas apariencias negras ataviadas con encajes insinuantes, joyas medievales y botas militares. Pertenecían a otra generación.
Como habitualmente, llegué a la biblioteca para seguir con mi trabajo. Ella solía llegar alrededor de una hora más tarde. Hoy se sentó al lado. Durante el tiempo que habíamos coincidido poco a poco fue escogiendo asientos cada vez más cercanos. Sentí su aroma afrutado y fresco impregnando el aire que nos envolvía. Ignoré su presencia y continúe como si nada. Ocultando ese instinto raro, mi corazón se acelero ante su cercanía e incluso la respiración se hizo más ávida.
No entendía que estaba ocurriendo. Yo un cuarentón solitario adicto al trabajo junto a una joven universitaria preparando alguna tesis. Desde el primer día que cruzamos las miradas algo surgió. Sus ojos esmeraldinos enmarcados con unas cejas triangulares le daban un aspecto malvado y a su vez atrayente. Las orejas perforadas con varios aretes gruesos de plata y rematado uno de sus lóbulo con un especie de cuerno también de plata. El pelo negro enmarañado en un moño colocado en su desorden de forma perfecta, atravesado por una especie de aguja. En la mano derecha tenía un tatuaje pequeño entre el pulgar y el índice que reconocí al instante, un trisquel celta. Sus uñas cuidadas y no demasiado largas evidentemente pintadas de negro. Todo era preciso en aquella caótica imagen sacada de un comic de personajes legendarios.
Depositó cuatro o cinco libros frente a ella. De reojo pude ver tratados de filosofía y un ejemplar de Magia y ciencias ocultas en el mundo griego y romano. Sacó un pequeño estuche y de éste, un montón de bolígrafos y lapiceros que puso al lado de los libros. Encuadro un taco de folios en blanco y miró a los bolígrafos como pensando cual escogería aquel día. Yo seguí absorto en mi lectura engañando a todo lo que me rodeaba y a mí mismo. No había conseguido enterarme de una sola palabra del manuscrito que se suponía estaba leyendo desde que ella llegara. Con una letra angulosa, de trazo fino y muy recargado puso un título subrayado “La tabla de Hermes Trismegisto y otros grimorios”. Tenía junto a mí a una de tantas locas que estudian la alquimia y el ocultismo. Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
Ella me miró sonriendo. Como si hubiera leído mi mente, me dirigió unas palabras: no soy ninguna loca escapada del manicomio ni una bruja frustrada.
No me había dado cuenta de que me había quedado mirando los folios descaradamente y con una expresión de bobo, con la boca entreabierta. Le respondí: perdona no era mi intención molestarte sólo me ha llamado la atención tu enunciado.
Al dirigirse a mí y girar su cuerpo vi para completar la estampa que llevaba una gargantilla argenta con una especie de escorpión en el centro rodeado por calaveras. Él aguijón de dicho escorpión apuntaba directamente al canalillo dejando entrever un encaje blanco del supuesto borde de su sujetador que contrastaba con su ropa negra ¿Realmente estaba hablando con una persona o era un espejismo? Fue como si me hubiera trasladado en el tiempo.
Aquellas palabras fueron el inicio de una conversación. Ella me hizo preguntas entrelazadas con la información sobre su tesis y mi trabajo de investigación sobre comercio internacional para mi próximo curso. Miraba con sus ojos perversos, sus labios arrebolados y carnosos. Me desmantelaba de toda palabra, como si fuera un completo inepto social. Lo único que se me ocurrió al cabo de un rato fue invitarla a tomar un café y seguir con la charla.
No sé como llegue a la cafetería, ni como pasaron las horas, ni como aquella joven mujer me envolvió en su nebulosa. Estaba encantado de su compañía y a su vez sorprendido, jamás hubiera pensado caer como un adolescente en las redes de una arácnida viuda negra.
Después del segundo café ella me preguntó qué quería abandonar, qué buscaba, qué profunda revolución ansiaba mi corazón, de dónde venía tanta rabia recluida.
Le dije que las preguntas que me estaba haciendo eran un poco absurdas. No me conocía de nada para juzgarme de esa manera tan directa. Y respondió: yo no soy quien para juzgar a nadie pero cuando consigas contestar y encarar esas cuestiones tu metamorfosis comenzará su andadura y desbloqueará el camino.
Aquellas palabras me las dirigió acompañadas de una insinuante caricia de una de sus pequeñas manos sobre una de las mías. Otra vez volví a sentir una corriente eléctrica atravesándome hasta erizar el bello de mis brazos.
Le dije que se había hecho tarde y tenía que marcharme. Salimos de la cafetería de la biblioteca. En aquella puerta enmarcada con un arco ojival que descansaba sobre unas columnas con unos capiteles llenos de follajes y hojas le tendí la mano para despedirme. Ella me la estrechó fuertemente y sin apenas darme cuenta me atrajo hacía sí. Posó sus labios sobre los míos y me encajó un largo beso inmiscuyendo su lengua en mi boca. Creo que mi cara fue un volcán durante largo rato pero no despegue mis labios ni por un instante. Deseaba aquella tentativa desde que nos vimos aunque no lo hubiera advertido.
Sin mirar hacia atrás se marchó como si no hubiera pasado nada. Yo estaba totalmente abducido. Pasaron unos jóvenes por mi lado, cuchichearon y les oí de sonreír. Supongo que la imagen de un cuarentón con vaqueros y chaqueta besando a una veinteañera gótica no era muy habitual.
Aquella noche casi no pude dormir. Ansiaba el instante de reencontrarme con ella, con Rebeca. Hasta su nombre sonaba a epopeya medieval. Mis sentimientos estaban encontrados. Pensé no regresar y seguir mi documentación por otro lado. Todavía no me creía como habíamos llegado a tan inusual despedida. Sobre las tres de la madrugada me dormí agotado. A las siete sudoroso estaba sentado en la cama. Soñé con ese escote enmarcado con aquella puntilla blanca, desabroche su negra camisa y quedó al descubierto la nívea prenda que salvaguardaba su pecho. Me desperté en el instante en que comenzaba a acariciar su suave piel y desabrochaba su gargantilla con el escorpión y las calaveras.
A las nueve en punto quería estar en la biblioteca. Tras ducharme decidí ponerme ropa más desenfadada. Tomé mi desayuno habitual tal vez de una forma más precipitada que otros días. Al salir sonó el móvil, un mensaje. Me comunicaban que tenía una reunión esa misma mañana para concretar sobre el curso. ¡No era posible tan mala suerte! casi siempre teníamos las reuniones a la tarde. Rebeca tendría que esperar.
El día fue un completo desastre. Tal vez mi desgana desde la mañana ante la reunión fue enlazando una serie de desventuradas responsabilidades a las que no quedaba más remedio que hacer frente. A las siete de la tarde llegué a casa malhumorado. Abrí el ordenador, comprobé el correo y cuando iba a cerrar la sesión se me ocurrió entrar en el buscador. Sentía curiosidad por el tal Hermes Trismegisto y lo que era un grimorio, desconocía su significado. Estuve más de una hora leyendo artículos sobre dicho personaje. La verdad, me resultó interesante todo lo que fui leyendo. El mítico personaje Hermes era una condensación del dios egipcio Dyehuty, el dios heleno Hermes y del Abraham bíblico; se pensaba que era un sabio egipcio que creó la alquimia y desarrolló la creencia metafísica que hoy conocemos como Hermetismo. Pero lo que me embargó fue la definición de grimorio: libro de conocimiento mágico o conjunto de signos a descifrar, galimatías.
Con las manos sobre la nuca me quedé mirando por la ventana, absorto, ella era un grimorio y desde luego un galimatías. Su atuendo encajaba a la perfección con su tesis. Ese semblante misterioso, ocultista y ancestral seguía incitando en mí una inclinación lasciva que nunca hubiera pensado que franqueara mi mente. Por un instante vi sus ojos en el cristal de la ventana mirándome. Sentí esa corriente eléctrica atravesando mi cuerpo y como el bello de mis brazos se erizaba de nuevo. Necesitaba volverla a ver.



martes, 29 de mayo de 2012

JUSTICIA.




La justicia legal transita por senderos serpentinos
Y cuentan que dista mucho de la justicia ética o moral.
La mente se me retuerce desconociendo la diferencia,
Ningunea la subsistencia honesta.
La rectitud ha de ser una.
Me frustras con recovecos y charlatanería
La legalidad, como algunos defienden,
Muchas veces enraíza y teje sus ramas
En oscuros designios.
Enmascara vilmente la alevosía.
Así pues, no me hables de justicia,
Letrado,
Cuando tus ingresos crecen en abismales pantanos.
Hemos desdibujado las honestidades
Y deshojado la rosa de la legitimidad.
Mis creencias abarcan pocos entes
Pues pocos entes son leales e íntegros.

martes, 8 de mayo de 2012

EL HÉROE




Siempre fue alguien que pasaba desapercibido. Hombre sencillo y humilde. Creía en el corazón de las personas a pesar de que su confianza le había traído algún que otro problema. Nunca te arrepientas de dar un paso hacia delante aunque te produzca un esguince. De todos los procesos que adornan nuestra vida siempre se sacará una lección.
Y así respiraba día tras día, llenando sus pulmones a veces de aire viciado. No importa lo que haya alrededor si intentas ver el instante luminoso entre la niebla. No permitas que, nada ni nadie, te haga irritar. Una y otra vez se repetía esas frases. En muchos momentos de tristeza superaba los obstáculos terminando por creerse lo que tanto se reiteraba. No es fácil sonreír cuando el alma está encogida.
Su vida bien podía llenar las páginas de una novela y sin embargo, nada suntuoso y prepotente decoraba aquella historia. Siempre se sintió querido aunque le rompieran el corazón en múltiples ocasiones. No se trata de amar eternamente sino de entregarse al amor como si fuera el último minuto de su existencia aun sabiendo que en el minuto siguiente todo acabaría.
Nunca se arrepintió de las decisiones tomadas, acertadas o no. De todas ellas se pueden sacar virtudes y egoísmos. El ser humano es así. Todos tenemos un lado oscuro que en un momento dado puede salir a paseo.
Hoy con las manos arrugadas y llenas de cicatrices, los bolsillos vacios y el cuerpo henchido de felicidad sabía que le quedaba poco tiempo. Pronto partiría al gran viaje. Allí sentado en el porche observaba, como tantas y tantas veces, caer el sol. Sus grandes amigos siempre le acompañaban en el gran espectáculo del ocaso, los libros, y con ellos sus recuerdos.
Cuantas veces le tacharon de ingenuo y pardillo. Ignoraban que si lo parecía es porque permitía parecerlo. No le importó guardar su ego cuando la situación o la persona lo merecían. Y cuantas veces no había podido conservar la calma, saltando como un lobo fiero sobre aquel que intentó humillarle o menospreciarle.
En una palabra, era un hombre con sus valores y sus defectos. Siempre con un principio claro: la lealtad. La nobleza de actuar según las convicciones que guardaba en su alma. La lucha por la justicia le había llevado a veces a ser injusto pero siempre tuvo ocasión, reconociendo su falta, de pedir perdón. La amo profundamente hasta ahora, en puro silencio y en amplio secreto. Agradecía todo lo que ella le dio en aquellos años antes de que dejaran de compartir techo.
Tenía todo lo necesario para tomar el tren sin retorno. Se sentía en paz. Vida afortunada donde las haya sin capitales potentes. Cuando la balanza pesara sus acciones se llenaría de la pasión que siempre puso hasta para el más mínimo de los acontecimientos.
Miró al sol como si lo hiciera por primera vez. Todos sus ochenta y tantos años pasaron en aquel instante. Su bolígrafo desgastado en el bolsillo de su camisa, un brillo intenso en aquella mirada cansada, su porche con los ciclámenes y plantas aromáticas, su sillón de mimbre deteriorado, el aire impregnando sus pulmones por última vez, en el ocaso, con una sonrisa, dio las buenas noches y partió.
Ana le llamo para que entrara a cenar como todas las noches pero ya no hubo respuesta.
Cada existencia lleva un héroe impregnado, no hace falta grandes victorias sólo vivir con entusiasmo, intentando dar lo mejor de sí en cada acontecimiento. Esa es la gran batalla de nuestra esencia y la gran victoria es coger el tren sin retorno con la serenidad de haber amado.

domingo, 22 de abril de 2012

EMOCIONES.




¿Alguna vez abrigasteis tal emoción que el llanto empañó vuestros ojos? Sentimiento en esencia que hace reaccionar a la persona y no sabes si reír o llorar. Un gozo que recorre cada milímetro del enardecido cuerpo crispando la piel. Jamás tal dulzura acompasó los latidos de mi corazón. Las lágrimas se deslizan por el rostro revelando la comunicación sagrada; la unión perfecta entre cuerpo, mente y espíritu.
Las palabras adquieren un sentido amplio y literario, hasta la más vulgar. Todo es música seráfica. Recuerdos aletargados que asaltan la memoria enviando un abanico de sacudidas.
Nos engarza aún en la distancia una estela blanca que nos mantiene permanentemente en sintonía. A mi edad no tengo que justificar nada y nada tengo que acallar. Hay pasiones que están por encima del tiempo, la distancia y la expiración.
Tú absorbes la entidad básica de toda mi alma. En una hora a tu lado puedo gemir, deleitar, arder, rejuvenecer y estremecerme; sensualidad a la máxima potencia.
Y así navego por el océano diario con las velas desplegadas al viento. Tu voz me mantiene entre encuentro y encuentro. No hay nada que ennegrezca el iluminado horizonte. Pues henchida de esperanza, contemplo como los delfines hacen carreras a toda velocidad con la proa del barco. La estrella polar me guía rumbo hacia un nuevo despertar.

sábado, 14 de abril de 2012

AMARRES.




No permitas que la serenidad decaiga
Ni consientas volver a llorar.
Demasiada belleza gira a nuestro alrededor
Para ignorar su rostro.
Si mi amistad ponderas y yo la tuya,
No exijas mi silencio
Pues ante todo necesito un abrazo
Aun en la distancia
O un susurro de voz.
La cercanía de espíritu se puede medir
Por el calor de las palabras.
No sólo se comparte la sonrisa
Sino también las lágrimas y el pesar.
Los lazos más fuertes se tejen en la lucha,
En la infinita charla del desconsuelo,
No en la nimiedad del elogio.
Los sentimientos de una dama
Necesitan algo más que coqueteos y vanidad
El corazón de una mujer es un profundo océano de secretos.

La última frase es de la película de 1997 “Titanic”

jueves, 12 de abril de 2012

VÁLVULA DE ESCAPE.




Siempre fuimos la tabla de salvamento, la válvula de escape en nuestras rutinarias y estancadas vidas. Así forjamos día a día una amistad profunda que no conocía barreras. Intentando apoyarnos sin profundizar en sentimientos. Nos negamos a caer en la trampa del amor.
Hemos compartido muchas experiencias con otras muchas personas. Hablado infinitas horas del desencanto y la frustración ante tantas vivencias. Y ahí en ese punto seguimos escrutando lo que nos da aliento en la batalla.
Tal vez erramos en la búsqueda pues de eso se trata, de no buscar. De sentir la vida sin necesidad de avance. Debemos satisfacer cada jornada con los nimios tesoros que se nos ofrecen. Degustar el presente de cada amanecer en la mañana y el ocaso al caer la noche.
Tal vez hoy descubrimos que esa insaciable sed de cambio nos hace tan ciegos que no vemos los maravillosos valores que nos rodean. Las excepcionales personas que comparten nuestras sonrisas.
Hoy te cachondeas de mí, así lo hemos expresado. Bendita burla la tuya a mi lado. Me reconforta, te siento, estoy viva y sonrió. Nada hay mejor que notar los latidos del corazón a tu lado.
¿Por qué nos dio tanto miedo saltar el charco? Nunca dijimos un “te quiero” desde el otro lado ¿Qué podría haber ocurrido? ¿Dónde nos llevarían nuestras manos? Nunca lo intentamos.
Ahora que seguimos juntos cada cual por nuestro lado miles de preguntas me confunden y me asaltan. Tal vez no es el momento o tal vez nunca lo sea. Pero si algún día la rueda de la vida hace que necesitemos una válvula de escape en nuestras estancadas vidas. Si algún día tras mucho camino andado seguimos necesitándonos .Creo que tendremos que dar un salto. Pondré los sentimientos sobre el mantel y decir te quiero cuando ya nada importe con los años.

lunes, 2 de abril de 2012

LLUVIA.




Domingo de ramos con aroma de azahar vagabundeando por las calles abarrotadas de gente. Absorta, sin rumbo, sola. Si, sola pero no por falta de compañía sino por desamparo del alma. Estaba cansada de mediocridades, de verme rodeada de gente carente de emociones. Todo se compone hoy de estética, de dinero, de sexo y por supuesto de poder. O tal vez deberíamos decir de poder y sexo.
Y así mi desencanto de un tiempo a esta parte había aumentado a cotas impensadas. La independencia había desaparecido aunque no lo percibiéramos. Ya no trabajábamos para vivir, vivíamos para trabajar. En el camino olvidamos el respeto por nosotros mismos y por el prójimo. Desdeñamos mirar a los ojos de la conciencia, tocar la belleza interna. Todo lo tapaba la máscara de la divinidad etérea de una cara bonita ¿Y las arrugas que proporcionaba la risa? Lamentablemente las ocultábamos bajo las inyecciones de botox.
Aquella mañana salí a la calle con mis vaqueros viejos, un jersey gris enorme, las mangas ocultaban la mitad de mis manos y unas deportivas cómodas, sin marcas. Sepulté el móvil bajo un cojín del sillón, desamparándole. No llevaba ni dinero en los bolsillos, ni documentación. Mi carnet sólo era una cara y un número pero no exhibía ni un solo rasgo del individuo que me caracterizaba. Salté a la vida sin un propósito.
De pronto, el sol de la mañana fue velado por nubes grises de tormenta. Empezó a llover suavemente y fue como si la película se acelerará; la gente corría a refugiarse. En un primer instante tuve también la tentación de guarecerme pero algo impedía que mis pies se movieran. Alcé mi cara y las gotas empezaron a resbalar por mi rostro. Sentía como el agua traspasaba el jersey y se adueñaba de mi cuerpo, seduciéndole. El sonido del golpeteo sobre arboles y hojas era la más deliciosa de las melodías. Dirigí mis pasos hacia un parque frente a mí, el viento susurraba para que me acercara. Fue un momento impactante, de los que se imprimen, absoluta liberación. Percibí como el verdor se acentuaba, olía el aroma de la tierra húmeda, el sonido de la lluvia, el tacto de la naturaleza sobre mis manos, el sabor del sueño ansiado de no acallar lo que apreciaba, seguía viva tras tiempo de letargo. La libertad no es un sueño está tras los muros que nosotros mismos construimos.
Empapada regresé sobre mis pasos, la decisión estaba tomada. Atrás quedarán los meses desolados, la angustia de los cobros, el tiempo de ser puntuales, las escusas para justificar mi desgana, los vestidos para enaltecer y ocultar la esencia y la esclavitud de la civilización implacable y moderna.
Comienzo con una nueva y a su vez atávica filosofía de vida. Sólo haré lo que me gusta y apetece, lo que expanda mi corazón. Crear por el mero placer de hacerlo, amar hasta desfallecer sin esperar nada a cambio, reír hasta que me duela cada centímetro de mi cuerpo y sentir la inmensa sensación de que alguien vele por ti y viceversa. Rodearme de las personas que quiero y son importantes pues escribieron algún párrafo de mi historia. Aprender a mirar a los ojos del mundo a través de los arboles, el sol, las estrellas y el ocaso.
A veces lo que se escribe en las páginas es más amable que el mundo real. Y en otras ocasiones, como una admirable persona me dijo: no es que la realidad supere la ficción sino que esencialmente se basa en ella. Estreno mi andadura llenando mis manos de tita y palabras. La pasión de toda mi existencia heredada de mi abuelo. Vosotros los que me amáis y amo seréis mi inspiración.
Buen viaje.

martes, 27 de marzo de 2012

JUGADAS DE LA INCONSCIENCIA




El tópico habla de que uno siempre vuelve al primer amor. Él no fue el primero al que ame pero si mi primer amor. Las circunstancias que nos rodeaban eran muy crueles, de las más brutales a las que una persona tiene que enfrentarse. Sentirte en plena juventud limitado físicamente; tener ganas de bailar, de correr, de saltar y no poderlo hacer.Rodeados de otros en similares coyunturas,dentro de tal elenco, percibir que tú eres de los mejores, de los que aún no ha dejado de combatir y puede sonreír un poco.
Entre aquella extraña nebulosa; entre aquel aire viciado; entre familiares rotos llorando por dentro e intentando dar ánimos, cuando casi las piernas no les sujetan; entre personal con un trato mecánico, deshumanizados por la tragedia. Apareció ante mis ojos una extraña aura, una voz segura, un impulso primario y un rebelde ante cualquier circunstancia. Y todo ello me deslumbró.
Aquella época se imprimió en mi alma de por vida pero hasta hace pocos días no me percate de cuánto. Inconscientemente durante muchos años me recreaba en música de violines, tambores, gaitas y flautas; Leía historias de druidas y meigas. Me engalanaba con anillos de simbología celta. Inhalaba fuertemente el aroma del mar salado que me rememoraba su coraje y su vida. El cuerpo se me exaltaba al oír ese idioma meloso y dulce de tierras galaicas.
Siguiendo los impulsos inexplicable del espíritu busque en un cajón una libretilla vieja con retazos de aquella época. La bandida me desafiaba, se escondía bajo un libro, no se dejaba ver. El ángel jugaba con mis ímpetus, sólo un poco, pues apareció el trofeo. Con el pulso acelerado me fui hasta el teléfono ¿Sería posible que aquel número aún fuera válido?
La respiración se me cortó al oír su poderosa voz. Pero el ángel seguía jugando y aquella pequeña reunión vocal no fue lo esperado. La sorpresa del momento y el mantener la compostura ante aquellos a los que no quería dar pista, me hizo pensar que me había olvidado. Sólo fue nostalgia de recobrar lo que un día se marcho a muchos kilómetros.
Y el ángel por fin dejó de jugar y él se puso en contacto conmigo cuando nadie podía descubrir sus ojos. Entonces comprendí que aquel impulso inexplicable del corazón no se había equivocado. Me recordaba. Jamás olvidó los dulces besos en horas desesperadas, las caricias furtivas, las regañinas hasta que me dejaba sin argumentos, nuestra unión por encima de distancias, años o diferencias.
Terminaré con otro tópico “el corazón tiene razones que la razón ignora” y así relegando el juicio, vuelvo a correr por los campos inmensos de Galicia, cabalgando a lomos de sus caballos y bailando al son de la gaita.

domingo, 25 de marzo de 2012

CONVULSIÓN


La flor rendida a tus pies se halla
Del color de la pasión sus hojas.
El aroma del deseo impregna el viento
Entrelazando las ramas del cerezo.
Y tú, mi admirado Samurái
De porte seguro y manos ardientes
Susurras al oído delicados mensajes.
El sol abrasa los espíritus de los que amarán
Fuera de tiempo y espacio.
La semilla será derramada sobre el arroyo
Que portará el fruto del deseo.
Entre tus brazos recogerás
El loto que vencido aferras.
Desojarás sus pétalos encrespando la sed.
Y solo desnudando tu katana
Sosegarás la revolución que embiste y acomete.
Serenas, las aguas volverán a su cauce
Seguirá susurrando el viento.
Y los gritos turbulentos
Darán paso al sueño infinito
Mientras enredadas siguen las ramas.
Silencio, silencio.
Convulsión en las almas.