miércoles, 17 de abril de 2013

NA’ASHJÉ’II ASDZÁÁ (La Mujer Araña)



“En navajo Na'ashjé'ii Asdzáá es la mujer araña que teje el destino de los seres humanos, los animales, las plantas y las rocas” Clarissa Pinkola Estés
La mujer araña es la que teje los hilos. Por la noche vaga por el mundo de los sueños y penetra en las mentes. Últimamente el dragón de agua, el que domina los cuatro elementos y es la esencia de la vida, la persigue. Quiere mostrar el camino de la sabiduría. Ella necesita escuchar en el silencio su propio latido y pausar su movimiento.
Siento los pasos de la maestra agazapada en la penumbra. Ella se hará visible cuando lo crea conveniente. Me iniciará en el momento exacto. Anhela ese instante pero aún no estoy preparada. Queda superar la última prueba.
Su lejanía supone que algunos recriminen la distancia. Piensan que su prepotencia queda evidente. Sufre, no quiero fallar al que realmente esté capacitado para su tejido. Pero el viento del norte la disipa, la enmudece. Sólo percibirán la vibración de su tela quien esté también en silencio.
Y así yo paso el invierno en la cueva, aletargada, soñando e instruyéndome. No soy salvaje por mi falta de control sino por mi esencia natural; íntegra sobre terrenos sanos y robustos. La fuerza emana de la inteligencia aguda del dragón de agua y la intuición de Na'ashjé'ii Asdzáá. Mi espíritu lúdico retoza con ambos en los mundos oníricos. No carezco de coraje pero la perseverancia es también importante.
Me tachan de mojigata, se equivocan. No entraré en el juego mientras no conozca lo que hace mi esencia a la luz de la luna. Y ante esa ignorancia, seguiré vistiendo la máscara. Los separa un universo de entes, no el océano.
Confunden mi afabilidad. Puedo investigar los recovecos de los aposentos y nunca entraré en otros mundos mientras no conozca el mío. Sé que hallaré mi destino por mi entereza.

Y así seguiré vagando entre los bosques. Y solo traspasaré ciertas fronteras con quien me demuestre que puedo hacerlo. Pues ya en otros tiempos jugué a otros juegos y no me divertí lo suficiente. Yo pongo mis reglas, en las que ella me adiestra, pero muchos no las evidencian.
Demasiados jugadores y pocos jugando con agudeza. Tan solo los elegidos vislumbran los hilos que tejen la telaraña. Tan sólo los elegidos perciben su destino y dominaran los elementos.
Y ahora de nuevo, el viento del norte me recrimina. No tengo que justificar mi empaque. Me obliga a seguir callada, aletargada, soñando e instruyéndome. Ya llegará el momento. Mi destino esta tejido y dominaré la tierra, el aire, el fuego y el agua. Ella estimará el instante.