jueves, 27 de mayo de 2021

El Aroma Dulce y Tostado del Pan

 


“La literatura está llena de aromas” Walt Whitman

Todos los días el mismo recorrido. Suelo pasar por el obrador de mi amiga Elena y, por supuesto, le compro el pan y algún capricho dulce cuando regreso a casa. Hoy me ha ocurrido algo inusual y que apenas recordaba. Había a la puerta del obrador un coche de un amarillo pastel que, junto con el aroma a pan recién horneado, dulce y tostado, trajo una imagen que hacía tiempo no evocaba.

Cuando era pequeño, unos cinco o seis años, todas las mañanas, se oía el pitido del coche del panadero en la calle. La mayoría de las vecinas bajaban a la par. Un Renault seis amarillo pálido, con el portón trasero abierto, exponía cestos de mimbre llenos de pan recién hecho junto con galletas rizadas de tahona y magdalenas. Guille, un hombre delgado y de sonrisa amable, nos recibía y a todos los pequeños nos obsequiaba con una de sus galletas doradas y a rayas que tanto me gustaban y me siguen gustando.

Y es que ese momento de parloteo entre vecinas, risas entre amigos, envuelto por el olor a pan eran un instante de placer indescriptible. Ahora en mi recuerdo percibo algo que entonces en mi inocencia no veía, y era el flirteo amable del panadero con mi madre. Su efusivo saludo ¡Buenos días, Lola! ¿lo de siempre? Seguido de su caricia en mi ensortijado cabello y acompañado de la galleta.

Después llegaron las panaderías y hoy nos decantamos por los obradores que con el mismo aroma nos reciben, pero han perdido el encanto de bajar a la calle y compartir con la vecindad aquellos instantes que nos llenan el alma de entrañables recuerdos

Así pues, hoy a Elena le he pedido una bolsa de galletas rizadas. No me he resistido a la tentación de ir por la calle comiéndome una galleta con una sonrisa bobalicona y la mente volando hacia la ternura de la niñez. Hace tiempo que supe que Guille, tras unos años con la memoria perdida, inició su último viaje, dejando su legado, un obrador. Vayan por ti amigo mis recuerdos, por tantas y tantas mañanas de instantes dulces y tostados. Tal vez en aquellos lejanos lugares sigas repartiendo pan con tu sonrisa.

 

martes, 23 de marzo de 2021

¡Buenos días!

 



“Lluvia de primavera; ¡pobre de aquel que nada escribe!”  Yosa Buson

 

Tras un año de retiro obligado, el tiempo va pasando factura y hay días en que al ánimo le cuesta remontar. Imprescindible que salga el sol y vayan floreciendo las plantas, oír el gorjeo de los jilgueros y el verdor de los campos tras la nevada. Hemos de comenzar a salir de este letargo.

Hoy tras una noche gélida sale el sol y parece que más fuerte. Igual que caldea las raíces de los árboles quiero que abrigue las mías. Y con una taza de café entre mis manos y de frente al astro rey, cierro los ojos y escucho como me habla el mundo que me rodea. Disfruto del despertar de la primavera. Pasan unos vecinos esbozados en sus mascarillas y nos saludamos con cordialidad. Es gratificante poder hablar, aún manteniendo los dos metros de distancia, poder comprobar que seguimos vivos superando aciagos meses.

Sigo frente al sol y noto su calor, pasa un desconocido, andando ligero, me saluda con timidez. Y a los diez minutos vuelve a pasar, con su zancada rápida. Cada cual activa su neurona y músculos como puede. Y tras otros diez minutos vuelve a aparecer, pero esta vez se detiene, con una leve sonrisa deja en el muro de la fachada un ramillete con bocas de dragón silvestres amarillos y margaritas. Sin mediar palabra le agradezco su gesto con una sonrisa. Retoma su camino y le despido con un ademán de la mano.

Recojo el ramillete y me meto en casa. Coloco las flores en un jarroncillo y enciendo una vela, prendo un Palo Santo. Poco a poco se esparce el humo llenando la habitación con su aroma dulce y leñoso, mientras susurro “Que el espíritu del Palo Santo limpie y proteja este hogar. Que esta madera sagrada atraiga a este hogar las mayores bendiciones y fortunas. Gracias. Gracias. Gracias.”

El día promete y siento como las cadenas que oprimían el arrojo se hacen añicos. Respiro con profundidad, la vida es bella si podemos vislumbrar los pequeños detalles de cada día y apreciarlos, porque esa es la felicidad, los pequeños y brillantes fragmentos de lo cotidiano.

 

 

lunes, 1 de febrero de 2021

LA PIRATA QUE LLEVO DENTRO

“Sabes demasiado, viejo pirata. Un contrabandista tenía que conocer a los hombres tan bien como las mareas o no duraba mucho tiempo en el negocio.” George R. R. Martin 

Tras dos meses de paro literario obligatorio por hospitalización y convalecencia intento retomar actividad. No es nada fácil, aunque podría narrar muchas anécdotas que me han ocurrido en este tiempo, muchas nefastas, otras generosas y alguna que otra que había que tomárselas con humor. Dados los tiempos de cambio y dificultades que nos han tocado prefiero escribir siempre hacia la esperanza y el optimismo.

Conviví durante dos semanas con la demencia y el olvido, con el dolor de otras personas, con la negligencia administrativa que conlleva más sufrimiento añadido a la enfermedad. Pude comprobar que la mayoría de los profesionales son estupendos y que, algunos de ellos (médicos), carecen de empatía y educación pues ellos no han estudiado diez años para trastabillar con obstáculos burocráticos (palabras textuales) y sufrimiento de las personas. Aunque después de esas dos semanas caí en manos de dos traumatólogos de comprensión y trato considerable, humanos. 

Y no quiero ya hablar del dichoso virus y la consabida pandemia; dormía incluso con la mascarilla y todo el día con el desinfectante a vueltas y sin moverme de mi cama. Una mañana me dio unas décimas de fiebre ajenas al bicho, pero pude comprobar como el pánico se apoderó de mi entorno. Con rapidez me hicieron una “pcr” y, tras saberse negativa, las aguas volvieron a su cauce.

Cohabité con personas desconocidas, ingresadas también y familiares, con los que el sufrimiento te une, incluso para siempre. Personas buenas que comparten desde un dulce, una botella de agua o palabras de ánimo, aunque su corazón también esté destrozado. 

Mi agradecimiento eterno a mis ángeles que velaron por mí en todo momento. A mi hija que a penas se separó de mi cama porque no podía entrar nadie más y a mi hijo, padres, hermano y sobrino que sufrieron en silencio y en la distancia cada instante. He de dar las gracias a la tecnología que me permitía verlos y hablar con ellos todos los días. 

Y no puedo dejar de mencionar a todos los amigos que no han dejado de estar presentes en estos aciagos días y siguen preguntándome e interesándose por mí. En los malos momentos es donde se desnuda el corazón de los camaradas.

En fin, que tras diez y ocho días por los entornos hospitalarios volví al añorado hogar con mis seres queridos y mis gatas. Ya con el luto y el adiós a una parte de mi cuerpo, dispuesta a retomar la existencia sin ella. Asumí que la vida y las personas son maravillosas y que tenemos que seguir hacia delante; uno se posesiona, llora, se despide de su pie y cierra el cuento definitivamente. 

Y aquí me tenéis, transformada en una pirata literaria, eso sí por la falta de mi pie, que no pretendo saquear ideas a nadie. Cambiaré el loro por mis gatas que siempre anda cerca de mí y del ordenador donde escribo. Y mi barco será la imaginación y mis libros que siempre me llevan lejos, muy lejos; o cerca, muy cerca del que disfruta con mis palabras. 

Seguiré surcando los mares, con una sonrisa en mi rostro percibiendo el aire fresco y sabiendo que soy una persona afortunada por todo el amor que me rodea, manejando el timón de mis sentimientos hacia rumbos siempre auténticos y positivos. Superando marejadas y tormentas con ánimo y sin desfallecer, dando voz a las injusticias. 

¡Brindar, compañeros Yo-ho, yo- ho la botella de ron! 

¡Gracias!