miércoles, 3 de abril de 2013

SUEÑO, PESADILLA O REALIDAD



“En el sueño se revela el problema vital de un individuo en forma simbólica” Alfred Adler.

Todo es oscuridad, me siento intimidado, no veo absolutamente nada. Se oye en aquel atezado ambiente un chasquido seco y fuerte. Mi inquietud se acentúa. No me puedo mover, algo me aprisiona las manos. Una tenue luz aparece dejando ver una silueta oscura.
La sombra gira un poco la cabeza y distingo un cabello ordenado caóticamente en un moño sujeto con una aguja. Se gira un poco más y el contorno se hace voluptuoso. Es una mujer, sus redondeados pechos la delatan. Se vuelve mirándome. Aquellos ojos esmeraldas se clavan y provocan una desmesurada exaltación. No puedo dejar de mirarla. Se acerca y tiro de mis manos aprisionadas pero sigo sin poder moverme. Estoy de pie sujeto a unas cadenas.
Ella pega su nariz a mi cara. Siento el aliento que me cosquillea. Acerca la mano también a mi rostro y con suavidad desliza su pulgar acariciándome hasta el cuello.

- ¿Quién eres?—grito con angustia— ¿Por qué me tienes encadenado?

Ella no contesta. Comienza a caminar a mí alrededor situándose tras de mí. Me doy cuenta que tengo el torso desnudo y llevo unos pantalones vaqueros ajustados. De pronto, siento sus manos en mi espalda sobre mis hombros. Comienza a bajarlas clavándome las uñas. Noto como una especie de escozor por donde las va deslizando pero no es un dolor intenso. Ahora posa sus labios sobre mi cuello y me muerde. Suspiro. Es una mezcla de miedo y deseo. No sé cómo he llegado pero la reconozco:

- Hola Em —susurra mi nombre— eres mío y tendrás que hacer lo que yo te ordene.
- ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me tienes encadenado?
- Tú tienes la culpa, perseguiste mi sombra y caíste en mis garras.
- Suéltame —suplico bajando el tono de voz.
- No puedo ni quiero a no ser que hagas lo que yo te pida.
- Qué quieres.
- Te quiero a ti—sigue susurrándome en el oído.

Vuelve frente a mí. Lleva puesto un corpiño que deja ver parte de su pecho, hasta la aureola de los pezones, y una falda con dos grandes aberturas a los lados hasta sus muslos. Va descalza y tanto las uñas de las manos como las de los pies están pintadas de negro. En su cuello lleva una gargantilla con un escorpión. Un intenso calor me ahoga y noto cómo mi sexo se va irguiendo aprisionado en el pantalón. Me avergüenzo. ¿Por qué ante la angustia que me supone tal situación me puede estar pasando esto? Se acerca a mi boca y metiendo la lengua me besa con pasión. Sigue jugando con su lengua arrastrándola por el cuello, baja al torso y miles de sensaciones se me despiertan con cada roce. Llega a mis pezones y me muerde fuerte, haciéndome daño. Pero continúa, sigue bajando despacio hasta mi ombligo. Ahora con una mano comienza a desabrocharme el pantalón, lentamente, mi vello púbico se va quedando al descubierto. Veo que lleva la otra mano a su cintura y saca una especie de daga pequeña.

- ¡Para! Haré lo que tú me digas pero, por favor, suéltame.

No me hace caso, continúa amenazante con la daga e insidiosa con la otra mano…

De pronto, me despierto empapado en sudor. Sólo era un sueño. Mi respiración se entrecorta. Me levanto acercándome a la nevera y cogiendo la botella del agua. Me arde la garganta y tengo la boca seca. Dejo que el agua me chorree por el cuello. Son las cinco y media de la madrugada pero creo que de momento no pueda volver a dormir.

Voy al sillón del salón con la botella de agua aún con la respiración entrecortada. El corazón casi se me sale del pecho. ¡Por Dios!—me susurra la conciencia—. He de quitarme de la cabeza este delirio. Esta atracción siniestra por la joven extraña y perturbadora que ha irrumpido en mi vida. Esa mirada inteligente y esos labios deliciosos son tóxicos. Un gozo me recorre cada milímetro del enardecido cuerpo y me crispa la piel. Vuelvo a beber y a dejar que el agua me caiga por la comisura de los labios.

Tras un rato, me deleito con mi cuerpo, necesito sosegar mi instinto. Una tenue luz me alumbra pero de pronto toda la estancia se ilumina. La tormenta de verano acecha la ya lúgubre noche tras mi inquieto sueño. Las gotas golpean fuerte sobre el cristal, está comenzando a llover y vuelvo a ver sus ojos en la ventana reflejados. Esos ojos libertinos lo dicen todo.

- ¿Se puede saber por qué me has dejado sola? Ya veo que no ha sido suficiente.

Ella sólo lleva puesta la gargantilla con el escorpión y una bufanda. Se pone a horcajadas sobre mí. Me tapa los ojos y desliza su lengua por mi torso hasta llegar a mis pezones, me muerde. Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo ¿De qué tengo miedo? Ella susurrando me dice:

- Te quiero a ti. Por perseguir mi sombra has caído en mis garras.