miércoles, 18 de marzo de 2015

EL ÁNGEL DE LAS SOMBRAS


“El amor no prospera en corazones que se amedrentan de las sombras.” William Shakespeare

El viento a su alrededor, cuando bate sus alas, se percibe. No siempre se aprecia igual su presencia, pero sí es constante cuando los oscuros secretos atenazan el corazón de Clara. Las lágrimas se deslizan con lentitud por el rostro de ella. Las manos inquietas no dejaban de girar una sobre la otra. Era el retrato de la pesadumbre y la tristeza. Por mucho que se intentaba hablar con ella, jamás expresó sentimiento alguno: la vida era dura, la vida era así ¿Así cómo?

En apariencia aquella mujer independiente, guapa, con buen gusto era insegura, sus gestos la delataban. Continuamente se atusaba el cabello, se recolocaba las ropas y necesitaba la aceptación de los demás para sentirse bien.

Toda la angustia solo podía solventarla una acción: El perdón. Palabra fácil de pronunciar y difícil de llevar a cabo. Los miedos atan de tal manera que no dejan avanzar, destruyen los deseos que son los únicos que nos impulsan. Siempre aquel semblante lúgubre de facciones enervadas. Hastiado el ángel de perseguir sus sombras y tras los continuos rechazos de muchos de aquellos que intentaron tenderle una mano, tomó una decisión. Su mano izquierda descendió sobre la frente de Clara y borró los recuerdos.

Se engañó el ángel. Aunque suprimió los oscuros secretos que atenazaban el corazón de Clara las sombras de sus ojos seguirían anocheciendo su mirada. El amor está en el alma de cada uno y si no sabemos apreciarlo en los mínimos destellos diarios jamás lo encontraremos. Hay seres que no ven el sol. En los días nublados lo cubren las nubes y, en los claros, los rayos del astro rey ciegan su mirada.