viernes, 16 de abril de 2010

ESQUIZOFRENIA





María mujer delgada, de tez blanca, ojos claros, rostro cándido y semblante frágil, es como una muñeca de porcelana. Ha tenido un año duro y Juan aprovechó su vulnerabilidad para asaltarla tras charlar un poco e indagar muy sutilmente. Ella ha puesto todas sus esperanzas en el cálido y fortuito verano y no le ha defraudado. Ahora comienza a respirar, a sentirse querida y mimada. Y cuando parece que todo comienza a recuperarse del mal fario de estos últimos meses va Juan y dice que se va, pero no por un tiempo, no, que se va y la deja, ha sido bonito mientras duro pero que todo se acaba como el verano.

Juan, hombre alto, de anchos hombros, facciones marcadas, ojos oscuros y talante seguro. Pronto vuelve a su rutina, a su vida, a su trabajo; ser maestro le permite dos largos meses de vacaciones en verano. Hace ya tres años que decidió que el estío era para dar un giro de ciento ochenta grados a su vida y luego volver otra vez a la rutina. Y así lo hace, es otro Juan, sugerente, apasionado, lujurioso. Busca su victima o protegida, según se mire. Sus criterios son siempre los mismos, mujer atractiva madura, que pasa o ha pasado un mal momento. Entre julio y agosto le da todo lo que él sabe que puede dar, tiene unas facultades innatas para la seducción, más años de aprendizaje con su esposa y otros amores de verano.

La familia de Juan le abandona en verano para irse a San Petersburgo, con sus suegros. Al principio él también iba pero sus suegros y él no congenian. Su suegra siempre ha dicho lo mismo de él a escondidas, lo ha podido oír cientos de veces a untadillas
- Tu marido es un ser misterioso, que oculta algo, es como si en una misma persona hubiera dos individuos muy diferentes.
- Por favor, mama no digas tonterías.
Y así es, ella es la única que le ha descubierto. Hace tres años Juan acordó que no iría a San Petersburgo, que haría un sacrificio y lo pasaría en soledad.

Tres años ya que en verano cambia su existencia cotidiana de profesor casado y con hijos por licenciado en historia soltero y con una especial delicadeza. Es maravilloso sentir como su conducta marital cambia. No tiene remordimientos, él es fiel en el amor a su esposa aunque no en el sexo. Esto ha hecho que renazca en su matrimonio un deseo casi extinguido, ansia el momento de tomarla en sus brazos a su regreso.

¿Y qué ocurre con las otras que entran en su vida cada verano? Él nunca las engaña, las dice que en septiembre se tiene que marchar que está de paso, no tiene la culpa de que alberguen falsas esperanzas, de que piensen que sólo la distancia los pueda separar. Cuando dice que se marcha es que todo vuelve, nada perdura; él también paga su despropósito, les regala sesenta días de su persona, con lo que conlleva de gasto físico y económico, les hace olvidar, despierta la ilusión perdida como el adolescente en su primer amor.
Ellas, cuando termina la quimera, reaccionan de muy diversas maneras. La primera le dijo que no quería más de él tampoco, no sabe si por despecho, pero según ella también había jugado con sus sentimientos por olvidar y pasarlo bien; ignoraba que el no juega con los sentimientos de nadie sencillamente se transforma como Doctor Jekill y Mister Hyde, no traiciona, es lo que siente y desea en esos momentos.
La segunda, mujer, visceral, cuando le dijo que se iba casi le saca las entrañas, y en aquel forcejeo, entre golpes y arañazos la tomo y la hizo el amor como si nada, dejándola en la cama como un ser derrotado y abatido, sabe que ella jamás le olvidara.

Este año el turno le llegó a María, quedó con ella en el parque, junto a la fuente, cuando la dijo adiós lloro desesperadamente, él seco sus lagrimas y la besó; se quedó atónita y él todo fresco, le suelta su retahíla, su discurso bien preparado. La cuenta que es su ángel de la guarda, que apareció cuando le necesitaba. Que la hizo olvidar a lo largo de estos dos meses todas las calamidades del invierno. Que recibió ternuras y amor. Hizo que recuperara el aliento perdido. Aquel amor de verano la haría más fuerte y él siempre la llevaría en su corazón. Las circunstancias mandan y debía abandonar todo, algo muy peligroso le rondaba; quería que sintiera que el héroe al que amaba era capaz de dejarla para protegerla.

Ignorante, el peligro era más inminente de lo que imaginó. María tímidamente se acerca al bolso para sacar su pañuelo, eso piensa Juan, que pudo pensar más bien poco pues una punzada de pronto le quemo sus entrañas, miro su mano y la vio ensangrentada, su impecable camisa blanca poco a poco iba adornándose de un circulo rojo cada vez mayor. María aun con lágrimas en los ojos le ha acuchillado con un pequeño abrecartas en forma de puñal, le besa sus labios y se marcha. Juan intenta a trompicones sentarse en un banco de madera que está cerca
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Y allí en aquel banco solitario, aun sin entender muy bien lo que ha pasado, contempla las estrellas, admirando aquel majestuoso manto salpicado de pequeños farolillos mientras una inmensa oscuridad va inundando su cuerpo; todo vuelve a comenzar cuando acaba el verano pero para él ha sido el final. Mañana su esposa llegará, ansiosa por sentir sus brazos esperando deseosa el momento de acostar a los niños y volver a estar con Juan a solas; el reencuentro todos los años es desorbitado y cardiaco, como una noche de fuegos artificiales, pero este año la traca ha sido final y llega un día antes de lo esperado.