miércoles, 9 de febrero de 2011

MANOS.




Dos manos que pueden ser cien, extiendas o des.
Dos manos que una horca son, si aprietas mi cuello, si ahogas mi voz.
Manos, quiero ver lo que cuentan, sin maquillar alegación.
Me gustan las que la tierra labran, riegan la flor.
Me atraen las que los llantos limpian con pañuelos de color.
Y también las que escriben mensajes desde el corazón.
Manos arrugadas por la vida y la pasión.
Honestas que no delatan, la justicia tienen por razón,
Manos que se dejan llevar por su intuición.
Que ayudan al que carece de fuerza en la batalla del dolor.
Manos con sangre, lloran las infamias y la aversión.
Con cicatrices del esfuerzo por caminar cuando los pies extintos son.
Manos que rozan mi pelo y me confieren su olor.
Manos que dan la mano para llegar al sol.
Aborrezco las que golpean o aprisionan.
Que se alejen las que la vida despojan sin aflicción.
Manos que engañan, no las quiero, no.
Si las escondes para mentir y ocultar la traición,
Algún día unos grilletes asfixiaran su expresión.
Aunque no hay mayor inquisidor que la conciencia del mismo yo.
Mis manos pequeñas, con indicios del pasado que el tiempo no borró
Les gustan las palabras y el teclado del ordenador
Les gusta acariciar las pequeñas manos de la Estela de mi canción.
Aprietan fuerte las de los amigos que bailan con mi son.
Y a Mario, de vez en cuando, le recriminan su novata obstinación.
Me agradan, viven satisfechas, sin rencor
Luchan, porque al menos mi entorno, sea un poco mejor.

19-2-2009