miércoles, 30 de marzo de 2011

VIVO





Desnuda en la cala de las ilusiones, tomo el sol, miro el cielo y siento sereno el océano.
Aún desconozco como he llegado hasta aquí, pero he llegado. Hace seis años mi vida era un caos, una tristeza sublime. No podía ni imaginar arribar a esta cala. Aparecí con la maleta hecha jirones pero cubierta de pegatinas de incontables lugares; la ropa descolorida la tiré a la basura; el cepillo de dientes tenía todos sus cabellos desparramados, como los míos.
Tras tirar la ropa me corté el pelo, corto, muy corto. Me quité diez años de un plumazo. Mi segundo pendiente en la oreja izquierda se volvió a ver. Mis ojos advertían un horizonte amplio, un sol inmenso y resplandeciente.
El viaje me despojó, me robó el dinero acuñado. A cambio recibí el viento en mis manos, el canto del gorrión amenizando las horas bajo el álamo, el olor a tierra mojada tras la nube de verano, la dulce acidez de las fresas silvestres y la luna llena y las estrellas acurrucada en la noche.
Que injusto me pareció entonces el caos y la tristeza. No vemos de donde nos puede venir el mayor de los tesoros, aquel que no pesa en el bolsillo, aquel que desfonda el corazón como un viejo baúl.
Aprendí, sigo aprendiendo, volveré a equivocarme, volveré a sentir la tristeza pero sé que sin ella no hay alegría ni cambio, no existe el camino sin la piedra ni el tropiezo.
Y en este devenir infinito por el mundo, disfruto de muchas personas a mi lado, unas siempre estarán o han estado, otras por algún motivo llegaron, y alguna que otra abandonaran o abandonaron mi rumbo. Anhelo las que aún me quedan por conocer. Las personas de mi viaje me mantienen viva.
La tempestad trajo aromas renovados ¿Me sientes? Yo a ti sí, ahora sí puedo hacerlo, recupere la vista, la quinta esencia me va inundando.