viernes, 22 de febrero de 2013

LA LOBA




Soy la loba que aúlla a la luna; la tímida bibliotecaria que languidece entre pilas de libros. Él ignora de donde proviene el aullido que llega a sus oídos cada noche. Me reconocería por mis ojos pero está desorientado cuando cada mañana me entrega los libros. Noto que mi mirada le turba. Cuando el sol baña el bosque la loba duerme en su madriguera, en la biblioteca.

A mí también me consterna su mirada y sus grandes manos. Con ellas abarca el acopio de libros que pone sobre la mesa; manos huesudas y fuertes en las que mecería las mías. Emanan la claridad del agua como el del riachuelo en la noche, cuando bebo.

Lo sé, tras muchos años de espera, tras muchos rostros que engañaron mi alma, te reconocí. Advertí el aroma del bosque en tus huellas. Vi el aura de fuego alrededor de tu silueta encubierta por tus ropas raídas de profesor de escuela.

Permaneceré a la espera hasta que resuelvas la ecuación de por qué te turban mis ojos. Cuando encuentres la solución buscaras a la loba que aúlla a la luna. Llevo tiempo acechando. Seguiré hasta que tu halo inunde libre la bóveda celeste.

Llegará ese momento en el que nada ni nadie impida que correteemos juntos. Abandonaremos la madriguera para surcar el mundo. La intuición será la reseña de nuestra raza. Libertad plena para dejar deambular los instintos. El ciclo de nuestra evolución se habrá cumplido.