martes, 27 de marzo de 2012

JUGADAS DE LA INCONSCIENCIA




El tópico habla de que uno siempre vuelve al primer amor. Él no fue el primero al que ame pero si mi primer amor. Las circunstancias que nos rodeaban eran muy crueles, de las más brutales a las que una persona tiene que enfrentarse. Sentirte en plena juventud limitado físicamente; tener ganas de bailar, de correr, de saltar y no poderlo hacer.Rodeados de otros en similares coyunturas,dentro de tal elenco, percibir que tú eres de los mejores, de los que aún no ha dejado de combatir y puede sonreír un poco.
Entre aquella extraña nebulosa; entre aquel aire viciado; entre familiares rotos llorando por dentro e intentando dar ánimos, cuando casi las piernas no les sujetan; entre personal con un trato mecánico, deshumanizados por la tragedia. Apareció ante mis ojos una extraña aura, una voz segura, un impulso primario y un rebelde ante cualquier circunstancia. Y todo ello me deslumbró.
Aquella época se imprimió en mi alma de por vida pero hasta hace pocos días no me percate de cuánto. Inconscientemente durante muchos años me recreaba en música de violines, tambores, gaitas y flautas; Leía historias de druidas y meigas. Me engalanaba con anillos de simbología celta. Inhalaba fuertemente el aroma del mar salado que me rememoraba su coraje y su vida. El cuerpo se me exaltaba al oír ese idioma meloso y dulce de tierras galaicas.
Siguiendo los impulsos inexplicable del espíritu busque en un cajón una libretilla vieja con retazos de aquella época. La bandida me desafiaba, se escondía bajo un libro, no se dejaba ver. El ángel jugaba con mis ímpetus, sólo un poco, pues apareció el trofeo. Con el pulso acelerado me fui hasta el teléfono ¿Sería posible que aquel número aún fuera válido?
La respiración se me cortó al oír su poderosa voz. Pero el ángel seguía jugando y aquella pequeña reunión vocal no fue lo esperado. La sorpresa del momento y el mantener la compostura ante aquellos a los que no quería dar pista, me hizo pensar que me había olvidado. Sólo fue nostalgia de recobrar lo que un día se marcho a muchos kilómetros.
Y el ángel por fin dejó de jugar y él se puso en contacto conmigo cuando nadie podía descubrir sus ojos. Entonces comprendí que aquel impulso inexplicable del corazón no se había equivocado. Me recordaba. Jamás olvidó los dulces besos en horas desesperadas, las caricias furtivas, las regañinas hasta que me dejaba sin argumentos, nuestra unión por encima de distancias, años o diferencias.
Terminaré con otro tópico “el corazón tiene razones que la razón ignora” y así relegando el juicio, vuelvo a correr por los campos inmensos de Galicia, cabalgando a lomos de sus caballos y bailando al son de la gaita.