miércoles, 15 de mayo de 2013

ESQUIZOFRENIA.



“La esquizofrenia no depende de la debilidad de la conciencia, sino de la fuerza del inconsciente” Jung
María es una muñeca de porcelana, tez blanca, ojos claros, rostro cándido y semblante frágil. Su carácter apático, retraído y a veces delirante la hace poco sociable. Además ha tenido un mal año.
Juan es alto, piel curtida, ojos oscuros, facciones marcadas, anchos hombros y carácter firme. Ser maestro le permite dos largos meses de vacaciones en verano. Hace ya tres años decidió que el estío sería para dar un giro y luego volver otra vez a la rutina en otoño. Y así lo hace. Es otro Juan, sugerente, apasionado, lujurioso. Busca una víctima atractiva, madura, que pasa o ha pasado un mal momento. Despliega sus facultades innatas para la seducción.
Él ha aprovechado la vulnerabilidad de María para asaltarla e indagar con sutileza. Ella ha puesto todas sus esperanzas en el cálido verano y no le ha defraudado. Comienza a sentirse querida y mimada.

La esposa de Juan y los pequeños le abandonan en el estío para irse a San Petersburgo, con sus suegros. Al principio también iba pero las continuas desavenencias con sus parientes políticos les hicieron decidir, a ambos, pasar esos meses por separado. El precio sería la supuesta soledad de Juan.
Su suegra era la única que intuía su secreto. Siempre había dicho lo mismo sobre su persona a hurtadillas:
- Tu marido es un ser misterioso, como si fuera dos individuos diferentes.
- Por favor mamá— reprochaba su esposa— no digas tonterías.

Tres años ya que cambia su existencia cotidiana de profesor casado y con hijos por licenciado en historia, soltero y con una excepcional sutileza. Es maravilloso sentir como su conducta marital cambia. No tiene remordimientos, se vuelve un cazador de almas. Él es fiel en el amor a su esposa aunque no en el sexo. Esto ha hecho que renazca en su matrimonio un deseo casi extinguido, ansia el momento de poseerla, a su regreso.

¿Y qué ocurre con las mujeres que entran en su vida cada verano? Él piensa que no las engaña, se convence así mismo. En septiembre se tiene que marchar, está de paso. La culpa es de ellas que albergan falsas esperanzas. Nada perdura. Él también paga su despropósito, les regala sesenta días de su persona, con lo que conlleva de gasto físico y de todos sus recursos. Les hace olvidar, despierta la ilusión perdida como el adolescente en su primer amor.
Ellas, cuando termina la quimera, reaccionan de muy diversas maneras. La primera le dijo que no quería nada más de él tampoco, no sabía si por despecho, pero según ella también había jugado con sus sentimientos para pasarlo bien. Él no juega con los sentimientos de nadie, sencillamente se transforma. Siempre quiso ser Jekill y Hyde. No siente la traición.

La segunda, mujer visceral, cuando le dijo que se iba casi le saca las entrañas. Y en aquel forcejeo, entre golpes y arañazos, la tomo y la hizo el amor como si nada. La dejó en la cama derrotada, abatida y humillada.
Este año encontró a María, en la playa, con la vista perdida en el horizonte. La más delicada de todas y la más lasciva. Ni por un instante intuyó que en aquella tímida mujer descubriría la mayor de las exaltaciones. A su lado ha descubierto el placer de someter a alguien y hallar el mayor de los hedonismos. Cuando la ha dicho adiós ha llorado con desesperación. Él seca sus lágrimas y la besa. Esa dulce cara se queda atónita. Él, insolente, la suelta su retahíla, su discurso bien preparado. La cuenta que es su ángel de la guarda, apareció cuando le necesitaba. La hizo olvidar a lo largo de estos dos meses todas las calamidades del invierno. Recibió pasión y un amo que la protegió y dio seguridad. La hizo recuperar el aliento perdido. Aquel amor de verano la haría más fuerte y él siempre la llevaría en su corazón. Quería que sintiera que algo peligroso le acechaba. El héroe era capaz de dejarla para protegerla.

Él ignoraba que el peligro era más inminente de lo qué imaginó. María, con su apocamiento, se acerca a la bolsa para sacar un pañuelo. Eso pensó Juan, que pudo pensar más bien poco. Una punzada le quema las entrañas. Mira su mano y la ve ensangrentada. Su impecable camiseta de Armani blanca, poco a poco, se adorna de una órbita rojo cada vez mayor. María, aún con lágrimas en los ojos, lo ha acuchillado con un pequeño abrecartas en forma de puñal. Ella le besa y se marcha. Juan intenta a trompicones acercarse a una barca cercana para incorporarse y pedir ayuda. Cae la noche y no se ve a nadie en la playa. Él había buscado un lugar recóndito para su despedida.

Y allí, junto a aquella barcaza solitaria, sin entender muy bien lo ocurrido, contempla las estrellas y escucha el sonido del mar. Con la mirada perdida en el majestuoso espectáculo de una inmensa luna sobre el océano, la oscuridad ahoga su mente.
Mañana su esposa llegará ansiosa por sentir sus brazos. Esperará ávida el momento de acostar a los niños. Volver a estar con Juan a solas, reencuentro febril, noche de fuegos artificiales. Pero en este otoño nunca llegará la rutina, todo se acaba como el verano. Hyde aniquiló a Jekill pero… ¿Quién es Hyde?